Día de la pediatría

La Asociación Española de Pediatría ha establecido este día (4 octubre) para recordar el papel de nuestra especialidad. Así que el post de hoy va dedicado a los pediatras.

¿Qué hay que hacer para ser pediatra?

Pues como para cualquier otra especialidad: estudiar (y mucho). Hay que sacar buena nota en Selectividad para poder entrar a la Universidad, buena nota durante los 6 años de carrera (pues cuenta, aunque cada vez menos, para el MIR), y buena nota en el MIR para poder elegir la especialidad que más te guste. Después tocan 4 años de residencia de pediatría, donde también hay que estudiar (y trabajar, investigar, publicar, asistir a congresos, cursos…) y tal vez uno más dependiendo de la subespecialidad que elijas. Así que son al menos 11 años más de estudio desde que sales del colegio/instituto.

¿Qué tiene de especial la pediatría?

  • Lo más especial son los pacientes: tan indefensos, tan pequeños o tan adolescentes, tan auténticos. Muchos me preguntáis si no me da pena ver a los niños enfermos. ¡Claro! Mucha! Pero ellos son especiales, lo llevan de otra manera; son capaces de sonreír aunque estén fatal y de remontar lo que no pensabas que remontaría. Es una especialidad agradecida.
  • Abarca mucho, es una medicina interna de niños. Todo (o casi) lo que le pase al niño, lo llevamos nosotros.
  • No tratamos sólo con un paciente, sino a menudo con 2 ó 3, y es que, dependiendo de la edad del niño/a, tenemos mucho más contacto con la madre, el padre, o incluso las abuelas.
  • Hay subespcialidades claras pero no reconocidas. Hay pediatras que trabajan en la uvi, desarrollando las mismas tareas que un intensivista de adultos pero en niños: intuban, cogen vías, manejan los respiradores, realizan sedaciones… pero a efectos legales, “sólo” son pediatras. Hay neonatólgos, que atienden exclusivamente a los pacientes más pequeños, una etapa de la vida claramente diferente y desarrollando tareas muy especializadas (la reanimación al nacer, la atención al prematuro,  intuban, cogen vías, manejan respiradores…) pero son “sólo” pediatras. Hay también cardiólogos infantiles (que realizan ecocardiogramas, interpretan electros, realizan técnicas de hemodinámica…) pero son “sólo” pediatras. Hay neumólogos pediátricos, gastroenterólogos pediátricos, neuropediatras, pediatras de atención primaria, pediatras especializados en Urgencias… (y lo que me dejo en el tintero que no acabamos), pero ellos, también son “sólo pediatras. Tal vez algún día consigamos que se reconozcan las subespecialidades pediátricas.

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Y, ¿qué tienen de especial los pediatras?

Pues todo y nada.

Nada, porque también somos personas, somos humanos (hay especialidades que son dioses, pero no es la nuestra ;-)). Y, como vosotros, también nos equivocamos, a veces no acertamos, a veces estamos cansados o nos levantamos con el pie izquierdo.

Y todo, porque en general tratamos de ponernos en vuestro lugar, somos amables, abiertos, con ganas de trabajar, nos apoyamos, nos ilusionamos, nos esforzamos y nos preocupamos del paciente. Todo lo que hacemos, lo hacemos pensando en ellos. Así que, (y ahora un poquito de “reivindicación”) si no ponemos antibiótico, no es porque no queramos, sino porque sabemos que no lo necesita; y si mandamos realizar una radiografía, es porque pensamos que nos va a ayudar al diagnóstico; pero si no la hacemos, es porque creemos que la desventaja supera el beneficio. Si mandamos una analítica, es porque de verdad es necesaria; si ingresamos al niño/a, no es por haceros una faena,  es porque pensamos que lo necesita; y, si por el contrario, no lo ingresamos, es porque pensamos que estaréis mejor en casa. (Y también tengo para los compañeros de otras especialidades, sin generalizar ni ofender). En la mayoría de casos somos la puerta de entrada, el primero que ve al niño le pase lo que pase. Y ya he dicho que tenemos muchas subespecialidades, pero no todo lo podemos abarcar nosotros. Así que, amigo radiólogo/cirujano/cardiólogo/oftalmólogo y un largo etcétera: Si te llamo porque tengo un paciente que me gustaría que vieses, no es porque quiera molestarte, es porque de verdad te necesito y yo no puedo manejarlo sola o no me corresponde. Agradecería que me atendieses con cordialidad.

Cuando pienso en un niño, veo una sonrisa, así que sonriamos todos un poco más en nuestro día a día. Quien mejor te cuida, es tu pediatra.

 

 

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