El bebé que regurgita

Un gran porcentaje de recién nacidos regurgita (hasta un 75%). Después de la toma, un poco de leche vuelve a la boca y le resbala por las comisuras, sin esfuerzo, “como una bocanada”.

¿Qué significa eso?

La mayoría de los bebés tiene reflujo gastroesofágico (RGE); en la mayoría es algo fisiológico, propio de la edad, y no supone un problema.

¿Las razones?

  1. El camino del estómago a la boca es muy corto, más que en un adulto; si os fijáis, los bebés apenas tienen cuello.
  2. El esfínter esofágico inferior, el músculo que cierra el estómago para evitar que el contenido alimentario salga, aún es inmaduro
  3. Los bebés sólo toman leche, un líquido, que es mucho más fácil que se desplace a la boca de nuevo. A una croqueta le costaría mucho más salir, ¿verdad?;-)
  4. Los bebés suelen estar tumbados la mayoría del tiempo, lo que permite que la leche se mueva con facilidad del estómago a la boca. Cuando están incorporados es más difícil por el efecto de la gravedad.

Mi bebé lo tiene, ¿es importante?

En la mayoría de los casos no supone ningún problema. Sólo debemos preocuparnos si el bebé no coge el peso suficiente o si está incómodo permanentemente a causa del reflujo.

¿Cuándo desaparece?

A medida que van creciendo, va mejorando. Con la introducción de la alimentación complementaria (en torno a los 6 meses), se notará una mejoría; y en torno al año, estará resuelto en la mayoría.

¿Qué hago mientras para evitarlo?

Lo más efectivo son las medidas posturales: mantener al bebé semiincorporado, al menos 20 minutos tras la toma, no “menearlo” mucho para que eche los gases (recordad que si mama y lo hace con la técnica adecuada no traga aire), y podéis colocar una cuña/toalla/cojín DEBAJO DEL COLCHÓN (nunca debajo de la cabeza del bebé) para que se eleve unos 30º.  Yo siempre recomiendo el porteo, que  tiene muchísimos beneficios y es ideal para los niños con reflujo, pues la posición erguida y el contacto con su madre/padre ayuda mucho.

En algunos casos, cuando el reflujo es patológico, el pediatra valorará tratamiento médico.

Y sobre todo os recomiendo PACIENCIA. Los niños con reflujo tienen días buenos y malos, días en que regurgitan más y otros menos, pero al final, en la inmensa mayoría de los casos, se pasa.

 

 

 

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